El rey perdido en el desierto

Había una vez un rey con una mansión enorme, se llamaba Nicolás. Desde el día que nació no salía de ahí. Un día se le ocurrió salir de la mansión a pasear. Salió por el barrio. Caminando, caminando, entró a un desierto y por curiosidad, entró y se perdió.
No sabia por dónde salir empezó a caminar por un lado, por otro y por otro, hasta que encontró una casita muy chiquita y sencilla. Se acercó, tocó la puerta y atendió un señor muy anciano, que él y su familia eran los únicos que sabía salir de ahí.
Le contó quién era, cómo se llamaba y por qué estaba ahí.
El señor le dijo que sabía salir de ahí, pero debía acompañarlo a su mansión, y el rey le tenía que dar un hogar para vivir con su familia. El rey respondió que sí, que el le daba la plata y ellos buscan la casa que quieran.
El anciano lo acompañó y el rey le dio mucha plata. El anciano se quedó con la casa de al lado de la mansión y el rey en su mansión tranquilo decidió que no saldría nunca más de ahí.

1 comentario:

prof. hernán dijo...

Jorge Luis Borges escribió un cuento genial llamado "Dos reyes y dos laberintos". Uno de estos reyes tenía un laberinto muy complejo, con pasillos y escaleras. El otro rey vivía en Arabia y su laberinto era el desierto, del cual es más difícil salir.
En este cuento anónimo, alguien inventó un desierto del que se puede salir con la ayuda de los humildes.